Por: Pipo Rossi

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En 1827, tras un breve interinato en la Presidencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata del Doctor Don Vicente López y Planes, la Legislatura Bonaerense eligió Gobernador de Buenos Aires al General Don Manuel Dorrego. “El porteño, quien era la cabeza más visible de los federales de Buenos Aires, trató de conciliar los intereses generales firmando acuerdos interprovinciales y prestando su apoyo a una Convención reunida en Santa Fe”. Fue allí, “donde se aprobó una nueva paz con el Imperio del Brasil”, que permitió el surgimiento de la República Oriental del Uruguay. En efecto, “Brasil y las Provincias Unidas convinieron en renunciar a sus pretensiones sobre ese territorio y aceptaron, por sugerencia de Gran Bretaña, la formación de otro Estado”.
Paralelamente, el General Don Dorrego “era muy popular entre las clases menos favorecidas de la ciudad y eso generaba el rechazo de los grupos Unitarios porteños”. Cuando el General Juan Galo Lavalle llegó a Buenos Aires con su ejército, luego de pelear en Brasil, “lo alentaron para derrocar al Gobernador de Buenos Aires”.
Finalmente, el 1 de Diciembre de 1828, el General Lavalle ocupó el Fuerte y estuvo a punto de capturar al Primer Mandatario Provincial, quien alcanzó a huir momentos antes. “Designado en su reemplazo, por una centena de partidarios, el Jefe del Ejército salió en persecución del General Don Dorrego” y lo alcanzó en la localidad de Navarro donde, el 13 de Diciembre (“siguiendo el consejo de sus amigos unitarios”), lo fusiló. Este suceso despertó una honda conmoción en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata y abrió paso a nuevas guerras civiles de donde salió, como hombre fuerte, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas.